![]() |
| Imagen de SHVETS production (pexels user: @shvets-production) |
Remisión:
la palabra mágica de quien ya ha pasado por todo,
pero no volverá a estar sano nunca más.
No estoy curada.
Pese a los meses interminables de quimioterapia
arrasando con todo lo malo y lo bueno del cuerpo.
No estoy curada:
pasé a engrosar el selecto grupo de la remisión.
La remisión, que puede volver.
La remisión, que puede revertir.
La remisión, que todo lo cubre con sus alas.
"¡Ya estás curada!"
No, estoy en remisión.
Llevo dos años en remisión
pero en mi cabeza palpita
la idea de desremitir.
Aunque no exista la palabra.
Puedo desremitir.
¿Qué pasa si desremito?
Más vías como cadenas a las venas,
más bruma de recuerdos empañados,
más optimismo desmedido por mi
y por todos los demás.
Siempre bien. Siempre entera. Siempre con fuerza.
Agotada.
Remisión.
No valieron los años de deambular por el médico,
escuchando que no era nada en los ganglios,
hasta casi metastatizar las tres masas tumorales
que crecieron dentro de mi pecho,
cubriendo bazo, costillas y esternón.
Fase 3-B.
Pruebas frías,
agujas afiladas,
días interminables.
Y nunca volver a estar curada.
Vivir para siempre en la remisión.
Querer vivir para siempre en la remisión.
Rogar por vivir para siempre en la remisión.


