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| Img. de Andrys (pixabay user_id:439428) |
A raíz de la sesión de escritura creativa (vuelvo a estar en clase tras no poder asistir en el primer trimestre... bien! ^^ ) en la que vimos unos textos de la escritora Alicia Andrés Ramos, tuvimos una nueva propuesta de escritura. La premisa era escribir al arrullo de una canción sobre una de las historias insertas a modo de mención en un fragmento del libro "Arden los estanques".
Yo elegí escribir sobre este caso concreto: "Su Consolación nº3 me transportó al dormitorio italiano en el que un joven poeta convalecía sobre una chaise longe con vistas a la escalinata de la Piazza de Spagna, Roma. Un haz de luz traspasaba las cortinas buscando su rostro demacrado, casi una máscara mortuoria. «Toda la belleza del mundo está ahí fuera -lamentaba- y yo solo puedo escupir sangre»".
No podía dejarlo escapar, porque ese poeta era sin duda John Keats, de quien poseo un libro de cartas a Fanny Brawne, así como una compilación de poemas. En mi último viaje a Roma, apenas un mes atrás, me fotografié a la puerta de esa casa donde el pobre autor pasó sus últimos días tratando de mejorar de una tisis fulminante que se lo llevó demasiado pronto. Así que me puse "Consolación nº3" de Liszt y traté de rendirle homenaje desde el más profundo respeto a su obra y sus cartas privadas.
Gotas de lluvia sobre alas de mariposa (carta perdida* de John Keats a Fanny Brawne)
Roma, 22 de febrero de 1821
Mi dulce Fanny.
Para cuando recibas esta misiva, mi alma habrá trascendido y mi cuerpo yacerá bajo tres metros de tierra en un camposanto. Mi nombre, escrito sobre agua, espero que al menos viva en tu memoria. Esa esperanza es lo único que me da calor en estas horas finales.
La vida se extingue, inexorable como la llama de esta vela que me acompaña en la solitud de las cuatro paredes que me contienen como las tablas de un ataúd prematuro. Me hundo en la vacuidad de los días sin noche, de las noches sin sueño y de los sueños sin ti. Tu rostro en mis recuerdos será lo único que perdurará de mi ser, de las vagas palabras que conforman los poemas que te dediqué. Espero, deseo, que tu alma encuentre la paz que yo mismo pretendo hallar mientras te consagro estas letras finales.
Sé, porque es inútil ignorar la verdad de esta enfermedad, que tal vez mañana los ojos de tu imagen se cerrarán en mi memoria y será porque los míos se nublen al fin. Ojalá contar con más tiempo para los dos, para dedicarte más versos que dicen nunca llegarán a codearse en el Olimpo de los literatos. Mientras te hagan feliz a ti, ¿qué importa lo que digan los demás? Al final, solo te quedarán tus recuerdos y mis palabras.
Gracias, mi amada, por haberme permitido volar a tu lado cual mariposa de alas mojadas. No puedo pedirle más a la vida, salvo que te duela menos de lo que lo ha hecho hasta ahora. No puedo exigirle nada a la muerte, salvo que te permita vivir a ti lo que no pudimos juntos.
Podría perderme en los lamentos fútiles, mas has de saber con dicha que habría vivido cualquier otra vida contigo igual que esta: escribiéndote en cada poema. Y ¿sabes? También habría muerto igual que muero ahora: con el pecho henchido por saber quién eres debajo de la piel.
Muero, sí, pero muero con la paz de amarte hasta el último aliento.
Recuérdame en cada mariposa que te acompañe en el camino.
Tuyo para siempre,
John Keats
*Esta carta perdida es totalmente inventada, por favor, que nadie la tome por válida. Keats nunca escribió estas palabras.






