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| Imagen Cottonbro Studio (pexels user: @cottonbro) |
Cada noche que compartimos
se tensa la cuerda invisible
de la que tiramos en dirección contraria.
Sabemos que la inocencia
de unas conversaciones interminables
remueve algo sobre la conciencia.
Por eso nos obcecamos en
tirar
tensar
huir.
Pero la cuerda adquiere la dureza
de un material inquebrantable
y duele mientras aprieta la piel.
Solo cuando dejamos de luchar
y aflojamos la cuerda invisible
se unen nuestros cuerpos en abrazo
que grita por un poco de calor humano.
Y me pierdo en tu suspiro
ese que parece cuestionar
la idoneidad de nuestros actos
sin dejar de estrecharme entre tus brazos.
Y me pierdo en el olor de tu cuello
preguntándome si tu olerás mi pelo
dudando si todo esto transgrede
algún límite que no debería cruzarse.
Algún dios ya nos ha condenado.

