27/07/23

 

Imagen Cottonbro Studio (pexels user: @cottonbro)

Cada noche que compartimos

se tensa la cuerda invisible

de la que tiramos en dirección contraria.


Sabemos que la inocencia

de unas conversaciones interminables

remueve algo sobre la conciencia.


Por eso nos obcecamos en 

tirar

              tensar

                               huir.

Pero la cuerda adquiere la dureza

de un material inquebrantable

y duele mientras aprieta la piel.


Solo cuando dejamos de luchar

y aflojamos la cuerda invisible

se unen nuestros cuerpos en abrazo

que grita por un poco de calor humano.


Y me pierdo en tu suspiro

ese que parece cuestionar

la idoneidad de nuestros actos

sin dejar de estrecharme entre tus brazos.


Y me pierdo en el olor de tu cuello

preguntándome si tu olerás mi pelo

dudando si todo esto transgrede

algún límite que no debería cruzarse.


Algún dios ya nos ha condenado.

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