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Ya me jodería
perderme el sabor de tus labios
por no estar consciente
en el momento indicado.
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*Al hilo de la importancia de la última frase de un texto, la propuesta de escritura para esta semana eran los finales alternativos con hincapié en la última frase.
Homenaje a Monterroso
Cuando despertó, el humano seguía mirándole como si nunca hubiera visto un dinosaurio.
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Zapato de cristal
La harapienta chica puso los ojos en blanco.
—¿En serio, tío? —preguntó, con incredulidad, moviendo el pie embutido en el zapato de cristal—. ¿Dos horas bailando y no recuerdas mi cara?
—Perdón, es que tengo prosopagnosia.
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De besos y dragonas
Tras el beso no consentido, Aurora se giró por última vez, extendiendo el dedo corazón hacia Felipe, montó a lomos de la dragona, y ambas surcaron los cielos muy lejos del reino.
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Manzanas prohibidas
La serpiente siseó en el árbol y ofreció una manzana a Eva.
—No —rechazó la oferta.
Y vivieron felices para siempre en el jardín del Edén.
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*El último martes trabajamos en clase sobre la poesía de Manolo Chinato y su colaboración en el clásico disco Extrechinato y tú. Al hilo, hablamos sobre la poesía reivindicativa. Después exploramos un poco más allá el contenido de las canciones de Robe Iniesta en los últimos años y la función de las nanas a raíz de su "Nana cruel". Y con ello, a crear.
Canto a la sororidad
Hermanas, ¡a la carga!
Que nos quieren dormidas
y nos tendrán levantadas.
Que nos quieren sirvientas
y nos tendrán liberadas.
Que no quieren calladas
y nos tendrán con la voz alzada
para gritar por las que fuimos
para gritar por las que somos
para gritar por las que seremos.
Hermanas, ¡a la carga!
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Nana del futuro incierto
Cierra los ojos,
mulle la almohada,
el monstruo no vive
bajo esta cama.
El futuro es un diablo negro
de las profundidades abisales
cuyas formas inquietantes
llenan pesadillas de los mortales.
El futuro es un calco cutre
de un imaginario del pasado
donde recortar derechos y libertades
parece salir demasiado barato.
Nos han robado las palabras,
nos han robado las ilusiones,
¿Haremos algo para que no nos roben la esperanza?
Nos roban todo y no hacemos nada.
De brazos cruzados y miradas al suelo,
¿dejamos que nos encadenen a la miseria?
¿Dejamos que nos esclavicen de nuevo?
¿Dejamos que nos arrebaten los derechos
que con sangre, sudor y lágrimas
conquistamos en este tiempo?
El monstruo no vive
bajo esta cama.
La apatía es el campo
donde siembran nuestro futuro.
No somos más que un producto
que pueden desechar al gusto.
Mira a los ojos del monstruo,
donde habita el cuerpo de alma vacía,
ellos solo pueden vivir de nuestro trabajo
nosotros podemos vivir sin su látigo,
revertir la situación es fácil
solo tenemos que organizarnos.
Escucha:
el diablo negro
cabe en la palma de la mano
y deja de dar miedo.
Cierra los ojos,
mulle la almohada,
desterremos al monstruo
del futuro en llamas.
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*El martes pasado trabajamos en el curso de escritura creativa sobre dos cuentos del libro "Cadillac Ranch" de Antonio Tocornal. El ejercicio encargado fue crear un texto que responda a la pregunta que aparece en uno de los cuentos, "Hanami", que dice "¿A dónde irá ese poco de vida cuando una planta se desprende de él?". Aquí podéis leer un cuento homenaje al mismo cuento, donde intento dar respuesta a la pregunta.
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El día de antes de fin de año
A veces pienso que tengo un buen trabajo. Sencillo. De los que ya haces casi de forma mecánica. Abrir la trapa, desconectar la alarma, revisar el correo, las redes sociales, los pedidos que llegan, los pedidos que se van, atender con una sonrisa, aguantar pesados con una sonrisa, hacer tareas para las que no estoy contratada con una sonrisa, la caja, la alarma, la trapa. Y a casa. A veces rasco unos minutos para escribir. Me siento mal cuando lo hago, porque no está en mi contrato. Sigo haciéndolo. Pienso en las otras cosas que no paga mi contrato. Convertirme en una especie de guardiana del secreto de confesión, por ejemplo. A veces son confidencias simpáticas. Otras enfadan por su descaro. Todas tienen un poso común y, sin embargo, albergan relatos de lo más granado. Ninguna deja indiferente. De vez en cuando, llega una que cala y abre un agujero negro en el estómago.
El día de antes de fin de año, una muchacha vino a la tienda. Con la confianza que da hablar con un desconocido, desnudó su alma y me partió por dentro en dos. Ella no lo sabe, pero su novio la viola. Ella no lo sabe, pero yo sí. Tengo que vivir con ello. No puedo hacer nada más que tender una mano hacia ella. No la coge. Cógela. Coge mi mano. Es lo único que puedo hacer. Escucharte y tender una mano. La viola una vez al día, dos. El trabajo no me paga el psicólogo. Me tiembla el labio mientras lo escribo. La viola cuatro veces a la semana, cinco. Coge mi mano, por favor. Tiene una sonrisa de dientes torcidos y oscuros, aunque no tanto como el corazón de su pareja. Tiene una sonrisa que no llega a los ojos. Lloro. No sabrá nunca que lloro por una desconocida.
Hay cosas que no te paga una nómina.
Como llorar por ella.
A veces pienso que tengo un buen trabajo. Sencillo. De los que haces casi de forma mecánica. Luego me encuentro llorando por una conversación de veinte minutos con una desconocida que sufre. El día de antes de fin de año, determino que he de buscar un nuevo trabajo.
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*Tras leer unos cuantos relatos del libro "Cien viajes en ascensor" de Alfonso Zurro, la propuesta fue crear un texto que transcurriera dentro de un ascensor.
Ascender, descender, trascender
Al entrar en el ascensor, recorrió con la mirada cada esquina y eligió aquella en la que pasar más desapercibida: lo último que quería era verse obligada a entablar otra absurda conversación insustancial sobre el tiempo. Ajustó la amplia bufanda alrededor del cuello, porque a pesar de no querer hablar del tiempo sabía que hacía demasiado frío. Todo parecía demasiado frío desde hacía demasiado tiempo. Guardó la nariz debajo y los cristales de las gafas no se empañaron. ¿Funcionaba aquel stick anti vaho, finalmente? La meca de los miopes, sin duda.
Siempre sintió respeto por aquellas cajas metálicas que subían y bajaban por los edificios como ataúdes para el cómodo transporte de los vivos. Como los aviones, en esencia. Los años y la meditación consiguieron que pudiera usar los primeros, las «benzos» hicieron lo propio con los segundos. Las «benzos» y las gominolas, primas hermanas para los adultos inestables.
Imaginó a quien dio nombre por vez primera al invento. Ascensor, porque asciende. Tenía lógica, pero ojo, que también desciende. ¿«Descensor» no sonaba bien? Desde luego que ahora chirriaba en el oído, aunque era innegable que descendía igual que ascendía. Igual era la aspiración humana: el ascenso a un puesto suculento, a unas vistas privilegiadas, a un lugar mejor. Descender quedaba para el pie de calle más mundano, hacia el abismo. No asciendes a los infiernos.
Si aquel ascensor se parara en ese mismo instante… ¿Habría alguien al otro lado del botón de emergencias? Si el ascensor cayera al vacío del foso desde el decimoctavo… ¿Se elevaría ella cómo si no existiera la gravedad, durante unos instantes, solo para acabar como una masa de sangre y cerebro desparramado? No recordaba que aquel viaje durara tanto. Tenía que haber tomado más benzodiazepinas para cogerlo.
—No: han sido suficientes —anunció una voz metálica desde el altavoz—. Pero aún puedes elegir el destino.
Apenas mudó el gesto cuando sacó el bote del medicamento del bolsillo y lo agitó el el aire, escuchando la nada. Contrajo el pecho en una carcajada muda y apenas un hilo de aire salió de su cuerpo.
Estudió los botones del cuadro de control, comprobando que no apretó ninguno al entrar. Cerró los ojos un instante antes de tomar la decisión de presionar el adecuado.
Esta vez sí, sonrió al hacerlo.
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*Ejercicio al hilo de la clase "Las patas muy cortas", donde crear un texto en el que la mentira tenga una consecuencia o repercusión.
Puedes confiar en mi
Miénteme, engáñame con la verdad, la razón.
Así te pierdes por la boca, pero te salvas por el corazón.
Los Suaves
A veces lanzo al aire una mentira muy descarada. Hay que tener la mirada serena y la sonrisa socarrona, ese punto de confianza en uno mismo que permita dudar a la otra persona. Ahí radica la belleza de la mentira bien contada: el aplomo del gesto y el poso de una verdad plausible que ejerza de base.
Sin embargo, a mí no me gusta contar mentiras. Yo prefiero las medias verdades. Esas que te salvan de desnudarte con una verdad dolorosa. Por eso ahora noto la tensión en la comisura de los labios y el remolino en las entrañas, debatiéndome entre la mentira pura y dura y la verdad a medias, porque la verdad no está entre mis opciones.
—Estate tranquilo: estoy convencida de que nunca encontrarán el cuerpo sin ayuda.
Él parece liberarse de un peso invisible al escuchar mis palabras, completamente ignorante de que ya he contactado de forma anónima con la policía.
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*Al hilo de la sesión del taller de escritura creativa en el que tratamos las "Algias. Escribir el dolor" y nos fue propuesto crear un escrito en el que relacionar "escribir" y "dolor" mediante preposiciones.
Escribir
A pecho descubierto
Ante ojos analíticos y
Bajo los efectos del sentimiento
Cabe decir susurrando
Con la suspicacia propia adquirida
Contra toda recomendación
De los mayores miedos hablamos
Desde ese recoveco invisible del corazón
Durante los días del desánimo
En habitaciones sin ordenar
Entre papeles arrugados
Hacia un horizonte incierto
Hasta que el cuerpo aguante
Mediante quién sabe qué drogas
Para anestesiar el alma
Por tremenda y cobarde huída
Según llegue o no el día
Sin futuro ni esperanza
So pretexto de no verme
Sobre sábanas sucias luchando
Tras torres caídas
Versus ese demonio informe
Vía la garganta descarnada del
Dolor.
Escribir a pecho descubierto
resistiendo ante los embates,
bajo palios frágiles
donde no cabe más
que esperar con dignidad
aquello contra lo que no se puede luchar
-equilibrismo en puentes de cristal-
Desde las antípodas del sentimiento
que anida durante las noches frías
allá en lo más profundo del pecho.
Entre matojos de piel infecta
que mora hacia las esquinas
hasta límites sin cartografiar.
Con toneladas de miedo mediante
dispongo los mimbres para,
si por casualidad quisieras,
acceder según qué camino—-