Lorde - Liability
Escucha:
quiero meter la nariz entre tu pelo,
cerrar los ojos,
vivir morir en tu silencio.
Lorde - Liability
Escucha:
quiero meter la nariz entre tu pelo,
cerrar los ojos,
vivir morir en tu silencio.
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| Imagen de drippycat (pixabay user_id:1944641) |
Amiga, volví a soñar contigo.
Hacía cola para recoger un pedido
de esos de comida rápida e insustancial
y entraste colándote entre la gente
hasta recoger lo que habías ido a buscar.
Me quedé de piedra al verte,
consciente de que no podía ser verdad.
Te llamé con el miedo de quien no sabe
si los muertos reconocen a quienes aún vivimos
y te volviste con la mejor de tus sonrisas
preparada para increpar algo que justificara el haberte colado,
pero tu gesto cambió en un instante
a otro tipo de sonrisa que me calentó el pecho.
Te pregunté qué tal estabas, si todo te iba bien y,
en ese instante,
entrecerraste los ojos como si acabaras de recordar
que dejaste el mundo de los vivos varios años atrás.
Con gesto preocupado me preguntaste si yo había muerto.
Me llevé la mano al pelo, como si aún pudiera notar
la quimio que me marcó para siempre por fuera y por dentro,
y respondí con toda la sinceridad que por poco.
Asentiste con una sonrisa
y yo apreté tu mano fría.
Desperté entre sollozos agitados
de aquel sueño que sirvió como extraña celosía
quebrada entre nuestros frágiles reinos
para permitirme hablar contigo otra vez.
Y ahora tengo las manos frías.
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| Imagen de Mikhail Nilov (pexels user: @mikhail-nilov) |
Recuerdo, puesto que no ha sido hace tanto tiempo,
los años en los que me asomé al abismo.
Lo miré a los ojos,
y me devolvió la fría indiferencia de quien sabe
que no soy más que una insignificante mota de polvo
en un universo infinito
al que no le importo ni siquiera un mínimo.
Me rompí
en tantos pedazos pequeños
que pensé que jamás podría volver a juntarlos.
Me arrastré
buscando la forma de creer
que todo volvería iba a ir bien.
Me anestesié
en un vacío emocional
que pudo conmigo después de años
de intensa lucha contra aquello
que la vida me había preparado en el camino.
Era demasiado para poder soportarlo.
Dormí en vida,
en un tiempo en que creía que moriría
cada mañana al levantarme.
No recuerdo abrir los ojos de nuevo,
pero sé que todo eso,
todo lo oscuro,
me mira desde la esquina del miedo,
atento,
esperando su momento
de arrastrarme de nuevo
hasta las profundidades del infierno.
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| Imagen de k-e-k-u-l-é (pexels user_id:13670757) |
el tiempo salta de un momento a otro
como una melodía muda de silencios
que buscan encontrarse con el arpegio
de los corazones que laten al reconocerse,
encadenando notas sostenidas
que pueden tocarse a dos manos,
pero que solo se unirán en la levedad del aire
que se lleve el sonido efímero
hasta que desaparezca de la memoria
y quede un vago recuerdo
del vals que fluyó entre los dedos
Morgan- River
Esa mesa es la nuestra.
Pase lo que pase,
siempre que miremos hacia ella
sabremos que nos escuchó
confiarnos aquello que no compartimos
con ningún alma más.
Y eso ni está bien ni está mal,
solo permanece como elemento inalterable
de una amistad voluble
que aumenta y decrece,
que brilla y se apaga,
que nos une y nos separa
en ciclos de tiempo
que no podemos controlar
hasta cuándo llegarán.
Siempre que miremos hacia ella,
sabremos que guarda nuestras miserias,
testigo silenciosa de abrirnos en canal
y, sin saberlo,
ayudarnos a sanar.